Encierro de Sanfermines
Por Víctor Barreda
Para C&C
Es hermoso y es brutal. Por eso es un rito. El rito de hombres y toros: Sanfermines.
Hay algo ancestral que se despierta a las 8:00 am en Pamplona. No es deporte. No es espectáculo. Es rito. Es algo único y maravilloso para todos los que apreciamos tradiciones.
Lo hermoso está en lo primitivo y lo primitivo de apreciar la nobleza de los toros al abrirse paso entre los cuerpos de hombres que corren con ellos vestidos de blanco como un símbolo de unidad.
Un cohete. Silencio. Otro cohete. Y 875 metros de calle se vuelven templo. Hombres vestidos de blanco con pañuelo rojo corren delante de seis toros de 600 kilos. No hay reglas. No hay VAR. (Vigilancia Artificial de la Realidad). Solo instinto.
Tal vez lo hermoso es que por 3 minutos el hombre moderno recuerda que es animal. Que puede morir. Que la adrenalina no viene en un reel. Que el miedo es real y la vida también. Que la vida es ese juego que comienza y termina viviéndosela. En un mundo de pantallas, el encierro es piel, es tierra, es sangre, es aliento de bestia en la nuca. Es error.
El rito necesita peligro. El hombre vive de ello.
Sin peligro no hay rito, hay coreografía. San Fermín no es Disney. Pamplona para el Mundo es un pacto. El hombre le dice al toro: “Hoy corro contigo, no de ti”. El toro le dice al hombre: “Hoy puedo matarte, pero tú elegiste estar aquí”. Y la ciudad entera es testigo. Yo soy fan y testigo a la distancia y agradezco a quien me envió el video y por ello escribo estas palabras.
Lo imperante es esto: por unos minutos nadie piensa en el algoritmo, en el dinero, en el “qué dirán”. Solo hay presente. Un presente afilado, insípido si no lo vives, desalentador si lo ves por TV. Comprendo que hay que estar ahí para comprender que la vida sin riesgo no es vida, es ensayo.
La contradicción que nos hace humanos es la esencia de la vida misma.
Lo llamamos hermoso y a la vez lo cuestionamos. Defendemos al toro y admiramos al corredor. Celebramos la valentía y lloramos la cornada. Tal vez esa contradicción es lo que nos falta hoy: rituales donde quepa la vida y la muerte, la belleza y la sangre, lo bueno y lo malo sin filtro. Toros maravillosos.
Las sociedades modernas quieren eliminar el riesgo, pero al hacerlo eliminan el sentido. Corremos en cintas sin ir a ningún lado. Vemos toros en Netflix y hasta en IA. Atesoramos el pasado con obsesión porque el presente se volvió seguro, predecible, insípido.
Qué palabra más terrible: Insípido.
La vida es sabor es abrir brecha es futuro incierto, como Coach de Vida te digo: Tal vez ir lento es avanzar con certeza pero tal vez a veces hay que correr. Correr no para huir. Correr para sentir. Para recordar que estás vivo antes de que te cornee el toro que a todos nos alcanza: el tiempo.
San Fermín no es taurino o anti-taurino. Es humano. Es el recordatorio de que creamos rituales para no olvidar quiénes somos: seres frágiles que eligen el peligro para sentirse vivos.
Por eso es hermoso.
Por eso duele.
Por eso, cuando ves a un hombre tocar el lomo de un toro y salir ileso, algo en ti dice: “Comprendo”*
Porque tal vez la verdadera pasión de la humanidad no es evitar la muerte.
Es mirarla de frente, vestidos de blanco, y correr.
¿Lo vemos como salvajada o como poesía?
Tal vez las dos. Tal vez por eso lleva 800 años.
Gracias por esta tradición. Gracias por el video.
Víctor Barreda



